Larrivista - Diciembre 2007/Enero 2008 - (Page 40) migraciones migraciones LUDWIG VAN BEETHOVEN El Emperador del Betamax Beethoven y sobrino de Thomas Alva Edison, llegó a Colombia contratado durante el gobierno del doctor Eduardo Santos como profesor de apreciación musical del Instituto Normal Superior. Sin embargo, como Thomas Alva había heredado la sordera de su antepasado, de poco le sirvió su apellido y muy rápidamente tuvo que abandonar el prestigioso centro educativo y labrarse un futuro en la difícil y cerrada sociedad bogotana. De manera heroica intentó afinar pianos pero encontró su verdadero nicho cuando se olvidó de su antepasado vienés y se acordó de que era heredero del genio de Menlo Park. Por ese motivo, a mediados de los 50, abrió un taller de reparación de electrodomésticos. Como ya era sordo como una tapia, sus hijos Ludwig Fidelio y Thomas Álvaro se encargaron de arreglar lo relacionado con sonido. Ya en los 70, la familia Beethoven había adquirido una gran fama, que ratificaron con la llegada del Betamax y luego con los juegos de Nintendo. Algunos de los Beethoven Edison se dedicaron a otros oficios. Fidel, por ejemplo, quiso buscar fortuna en el Magdalena Medio y luego de fracasar como ganadero formó un grupo paramilitar al que bautizó Paraelisa. T HOMAS ALVA BEETHOVEN, BIZNIETO DE LUDWIG VAN GIUSEPPE VERDI Verdi que te quiero Verdi P OCOS BOGOTANOS SABEN QUE GEOVANNI VERDI, BIZNIETO del gran compositor Giuseppe Verdi, llegó a Colombia a comienzo de los años 30 en el barco Andrea Doria, de los mismos de Pastas Doria. Al salir de Livorno con rumbo incierto les gritó a sus familiares: Ciao, bambino!, sin pensar que jamás volvería a Italia. Luego de una corta estadía en Barranquilla se trasladó a Bogotá, donde fundó diversos barrios como Palermo, Roma y Venecia. Como heredero de la fortuna Verdi, Geovanni tenía mucha pasta. Y al ver que como músico no daba la talla pero sí el tallarín, montó, junto con su señora esposa doña Aída de Verdi, el restaurante Giuseppe Verdi, donde el conocido dirigente liberal Julio César Turbay Ayala cada año celebraba su Sapo Verdi. Inspirado en la obra del compositor, el restaurante se especializó en platillos tan sonoros como el osobuco Nabucco, que recuerda la famosa ópera Nabuccodonosor; el calzone alla Rigoletto; la rabiatta alla Traviatta; el pene al castrati (inspirado en los niños cantores de Viena); el Ernani Hernández (bandeja paisa a la napolitana); el panzerotti Pavarotti y otros platos que son puros “fusilli” de recetas italianas. Como si fuera poco, la fuerza del destino ha hecho que Don Geovanni siempre se las arregle para que, como parte de su Falstaff, el maitre se llame Don Carlos. El restaurante cuenta con la discreción necesaria para que los viejos Verdi, antes de llevarlas a un mOtello, puedan convidar a sus Mozarts a comer o tomarse un Tom Collins o una Luisa Miller en el Allegro Hour (invento de Geovanny Verdi que otros establecimientos le copiaron con el nombre de happy hour por esa manía de los bogotanos de traducir todo al ingles), y de su bar karaoke del segundo piso, donde cualquier aspirante a trovador puede participar en el popular concurso Chianti aunque no Chianti.
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