Larrivista - Diciembre 2007/Enero 2008 - (Page 41) RICHARD WAGNER De cómo pelar el cobre S IGFRIED ADOLFO RICHARDO Wagner, hijo natural de Wieland Wagner (nieto de Richard Wagner) y de Eva Brown, llegó a Colombia a mediados del siglo pasado, huyendo de la Alemania arrasada por la guerra, muy aburrido de la mala imagen que su bisabuelo se ganó al convertirse en el compositor de cabecera de Adolf Hitler. Como lugar de residencia y asesorado por algunos familiares alemanes escogió la ciudad de Fusaga- sugá. Pero al sentirse atrapado como en un campo de concentración, decidió radicarse en Bogotá. Con algo de dinero, fruto de las regalías que había recibido de la Deutsche Grammophon, montó un negocio donde puso en práctica una herencia casi genética de su bisabuelo Richard Wagner: pelar el cobre. Por ese motivo se dedicó a la metalurgia. Fruto de su esfuerzo y dedicación desarrolló la empresa Auto servicio de frenos Wagner, y muy pronto se convirtió en un pionero del ramo llevando la batuta del sector automotor. La fascinación por los cobres y la percusión de Wagner se refleja en los acabados de sus produc- tos finalizados, entre los que se destacan la clavija de sol, los frenos de cobre, los frenos de tambor, el oro del rin de magnesio, el anillo esferado del Nibelungo y los discos de platino, un elemento con el que tuvo contacto desde muy pequeño cuando los nietos del compositor lo llevaban a visitar la disquera de su bisabuelo. Pero Wagner no quería dedicarse únicamente al negocio de los repuestos. De nuevo el recuerdo de su bisabuelo vino en su ayuda. Sólo que Sigfried Adolfo Richardo no se dedicó a vender boletas de ópera sino a algo mucho más lucrativo: el modus operandi del boleteo. GEORG F. HÄNDEL El luthier vallenato gran compositor barroco Georg Frederic Handel, llegó a Colombia en 1931 y lo hizo como un verdadero Mesías. Fue él quien llevó a Valledupar el acordeón (como representante de la casa Hohner) y, para impulsar su negocio, tuvo la polémica pero muy brillante idea de meterle acordeón al vallenato, motivo por el cual puso a pensar al Valle de Upar. Muy pronto Handel se ganó el cariño de los vallenatos, quienes le pusieron el apodo de “el pollo Handel” porque más claro cantaba un gallo. Don Alfonz, además, montó un negociado paralelo de arreglar acordeones. Cuando a alguien se le dañaba un A LFONZ HANDEL, BIZNIETO DEL acordeón se lo llevaban a él. De ahí salió el dicho: “Si no es Handel, ¿quién?”. Más tarde, y debido a su fama de orquestar negocios, unos alemanes de Ibagué lo contactaron y aprovechando que Handel era el biznieto de un compositor que pasó a la historia con una música tan trillada como Música para los fuegos artificiales, Música del agua y el Aleluya de El Mesías, deciden montar una trilladora que llamaron Trilladora Tolima que, en realidad, era una empresa fachada para comprar acciones en el marco de una política de nacionalizaciones. A Handel le sonó la flauta con ese negociado que tenía más cola que un piano y así empezó su concierto para delinquir que terminó en un escándalo como para alquilar palco. Y como buen descendiente de un gran compositor barroco, cuando las cosas se le complicaron, aplicó una de sus grandes especialidades: la fuga. Desapareció de Colombia sin dejar rastro.
For optimal viewing of this digital publication, please enable JavaScript and then refresh the page. If you would like to try to load the digital publication without using Flash Player detection, please click here.